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¿Un problema de erección? Cuando el miedo y la exigencia entran en la sexualidad.

Foto del escritor: fisiotantra29
fisiotantra29
22 ago
3 min de lectura

La semilla que un día se instaló en mi cabeza.

Una semilla que no quería entonces y que no quiero ahora. Porque, aunque a veces consiga aislarla, apartarla o intente que no crezca, permanece ahí, latente.

¿Tendré una erección? ¿Fallará mi lingam esta vez?

Siempre, o casi siempre, ese pensamiento aparece.

Hay veces que dura apenas un microsegundo y desaparece. Otras, sin embargo, se queda. Y entonces mi atención se va hacia allí, hacia mi lingam, pendiente de cada sensación: si noto energía, si siento cómo llega la sangre, si empieza a crecer o si, por el contrario, esa misma atención hace que se quede congelado, en shock, inerte.

Y lo curioso es que puede aparecer independientemente del deseo, de la excitación, de la situación o incluso de la persona que tenga delante.

A veces esa semilla ha llegado a ocupar tanto espacio que me ha hecho huir precisamente de algo que me encanta desde que tengo memoria: mi sexualidad.

No hay nada objetivo que me indique que tenga un problema físico. Tampoco falta de deseo, de pasión o de libido.

Simplemente, un día se alojó ahí una semilla.

El miedo.

¿Pero miedo a qué? ¿Por qué?

Después de mucho caminar por mi mente, por mis heridas y por mis sombras, la respuesta empezó a aparecer.

Y curiosamente apareció hablando con mi alma gemela. Con la persona que deseo, que me excita, que despierta mi pasión y con la que existe una confianza enorme.

Porque incluso con ella podía aparecer ese pensamiento saboteador.

Mirando hacia atrás, en toda mi vida sexual apenas recuerdo un par de ocasiones en las que no tuve una erección. Y ambas tenían algo en común: me estaba obligando a intimar cuando realmente no quería hacerlo.

Y comprender esto me llevó a hacerme otra pregunta:

¿Y si nunca tuve un problema de erección?

Quizá el origen de esa semilla estuviera en otro lugar.

En la exigencia.

En esa exigencia, unas veces visible y otras completamente invisible, que muchos hombres hemos aprendido: que un hombre siempre tiene que estar dispuesto.

Siempre le tiene que apetecer.

Da igual cómo se encuentre. Da igual el momento. Da igual las circunstancias. Incluso parece que da igual quién sea la persona.

El hombre siempre tiene que querer sexo. El hombre siempre tiene que estar preparado. El hombre tiene que tener una erección.

Y cuando estas creencias están tan profundamente arraigadas, quizá no solo en nuestra propia historia sino también en un imaginario colectivo masculino, el deseo deja de ser completamente libre.

Aparece la exigencia.

La obligación.

Y con ellas, el miedo.

Miedo a ser juzgado. Miedo al ridículo. Miedo a no ser suficientemente hombre. Miedo a no cumplir las expectativas de la otra persona. Miedo incluso a que esa persona se vaya si nuestro cuerpo no responde como creemos que debería hacerlo.

Y entonces ocurre algo paradójico: estamos tan pendientes de comprobar si nuestro cuerpo responde que dejamos de estar realmente en nuestro cuerpo.

Dejamos de sentir para empezar a observarnos.

Dejamos de vivir la experiencia para empezar a examinarnos.

Hoy, como hombre, como persona y, sobre todo, como yo mismo, digo basta.

Decido empezar a arrancar esa semilla.

No luchando contra mi cuerpo, sino escuchándolo.

Respetándolo.

Dejando atrás aquellas creencias que me dicen cómo debería funcionar mi sexualidad para empezar a preguntarme cómo necesito vivirla yo.

Quizá mi lingam no tenga que estar siempre preparado.

Quizá yo tampoco tenga que querer siempre.

Quizá necesite tiempo.

Quizá necesite sentirme seguro.

Quizá necesite conexión.

Quizá necesite que mis genitales y mi corazón hablen el mismo idioma.

Y está bien.

Está bien no querer, sea quien sea la persona. Está bien que el cuerpo necesite su tiempo. Está bien que una erección aparezca, cambie o desaparezca. Está bien escucharme antes que exigirme.

Porque mi sexualidad no tiene que demostrar nada.

Elijo respetarme. Elijo escuchar mi cuerpo. Elijo liberarme de la exigencia. Elijo cuidarme y cuidar mi sexualidad.


Rubén

Fisiotantra29.

Fisiotantra29

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